Divagues entre “nosotros” y “los otros” o como pensar una tensión

13 mayo 2009 at 5:26 pm (Uncategorized)

Ayer finalmente me hice tiempo el tiempo para bajar a tierra y conectarme con el mundo de la acción (y abandonar la meditación). Empecé a googlear el tema de Reencuentros y Facebook. La idea era ver qué se escribe sobre el tema y quién escribe sobre el tema. Basicamente encontré 2 cuestiones que pedían a gritos espacio para ser escuchadas.

Primero, Facebook es central en el tema de Reencuentros por la facilidad que brinda para buscar gente por su nombre y/o filiación y/o otros. Muchos blogs y sus comentarios resaltaban esto como un factor central. Sin embargo, esto solo funciona por la masividad que tiene Facebook. O sea, es útil operativamente como herramienta si y solo si es tan masivo como es. Esto aparece una y otra vez con frases al estilo: me fue fácil hacerlo, encontré un montón de gente en una tarde, etc, etc.

Segundo, pero no por ello menos importante, el componente afectivo (y/o subjetivo) que se desprende de los mismos comentarios: quería ver como estaban todos después de tantos años: pelados, gordos/as, con hijos, arruinados o no.
Sobre este tema se me dió por establecer ciertas categorías de que se esperaba encontrar. Encontré una referencia a los arruinados. O sea, un cierto deseo (a secas sin ningún Sigmund dando vueltas y menos el francesito de la capa o la inglesa otra) de encontrar que el otro está en una posición inferior a la propia. Se dividían, creo, en dos amplios grupos. Arruinados referido a la imagen corporal: gordo/a, pelado, envejecido, etc; y un segundo grupo de Arruinados que refería a la posición social: exitosos o no, con mejor o peor o ningún auto/casa, etc.
También había una serie de personas que iban por la negativa, o sea, me voy a poner todo el guardarropa encima por que no quiero que me vean lo arruinado/a que estoy. Entonces, esta filiación al concepto de Arruinado me pareció un elemento central.

Después de encontrar este punto de encuentro en muchos comentarios, hubo uno que me llamó la atención, y me permitió empezar a delinear un “otro”, aunque la contraposición con el “nosotros” sería mejor pensado, como aquella vieja película: Los unos y los otros.
Volviendo al comentario en cuestión: alguien no quería encontrarse con sus excompañeros por que era “matar” el recuerdo. [Destruir la fantasia?]. En este punto pude empezar a contextuar rasgos distintivos entre los dos arbitrarios grupos: porqué llamar a uno de ellos “unos postmodernos” y al otro de ellos “otros modernos”.
Mientras el primero buscaba un encuentro violento con la realidad de aquellos que quedaron en el recuerdo y la comparación con los mismos, hasta el punto de actuar la propia realidad (como el comentario de hecharse el guardarropa encima, u otros que hablaban de amplias inversiones para el reencuentro en cuestión). Aparece un elemento de invención del propio yo, creación de un avatar que nos represente como nuestro deseo nos quiere ver. Sostenerlo por la vía digital no es tan complicado: con tiempo y paciencia todo es creable y falseable. Pero mantener la ilusión en el cuentro cara a cara exige una preparación milimétrica de los detalles para que se mantenga la ilusión. Podría usar la comparación del cine y el teatro. En el cine una escena pueden ser mil pruebas hasta encontrar la perfecta, e, incluso, falsearla la misma escena para lograr el objetivo buscado. El teatro permite las mil escenas de prueba, pero cuando el público se sienta no va a ver la mejor de ellas, sino un nuevo original sujeto a los accidentes del momento.
Por el contrario, el comentario de matar el recuerdo parece referir a alguien que está más atado a una realidad de cara a cara. Quiere reconocer que lo vivido y quien lo vivió está, hace mucho tiempo, suspendido en el recuerdo, desde donde puede brindar un grato placer meditativo, un placer privado. Pero el reencuentro pondría en escena tangible ese recuerdo actualizado y transformado por el tiempo, un encuentro con el objeto de lo vivido que hace mucho que ya no esta.
Volviendo a las comparaciones, los unos postmodernos gozan de cierta pornografía de la vida, queriendo ver todo y mostrar todo para poder disfrutarlo (aunque camuflado), en cambio los otros modernos se quedan en la seducción del imaginar, de cierto soñar, y reconstruir en lo privado las historias vividas.
Sin embargo, estos dos grupos, unos postmodernos pornográficos y otros modernos soñadores son construcciones arbitrarias y dicotómicas. Los sujetos reales jugarían desplazandose en diferentes gradientes entre estos dos puntos, evolucionando hacia uno u otro extremo según el día a día los mueva.

Otra variable que se me ocurrió, pero esta explicitamente aplicada a aquellos que asistieron a reencuentros, fue el efecto que esta produjo sobre ellos. Supongamos la situación que uno actúa un personaje en Facebook. Se da el lujo de publicar las fotos con las que más se representa, publica sus intereses publicamente correctos, sus éxitos y avatares afectivos varios. Crea una imagen de sí construida no por un otro que le de sentido, sino por uno mismo. Y se reencuentra con otros en la misma situación. En ese reencuentro puede suceder que dichas realidades construidas con la sola aprobación de la pantalla se contextuen con el otro cara a cara. Los resultados pueden ser buenos, si gran cantidad de los detalles y elementos de la propia imagen se continuan con la información del Facebook. Pero suele suceder que el tiempo quita el foco y aquello que uno omite en su presentación comience a surgir. Esto puede enriquecer al sujeto o establecer una ruptura de continuidad entre las imágenes virtuales y reales. Muchos reencuentros pueden ser frustrantes porque hechan por tierra las fantasias de otros y las propias en el encuentro no mediado del cara a cara. Estos usuarios pueden estar mucho más atados y sentirse más comodos con la posibilidad de mediar sus relaciones digitalmente, atarse más a las pantallas, ser “nativos” de otra dimensión.
El otro grupo de tensión serían aquellos que se juntan, como hablamos la clase pasada, para recuperar los espacios privados pérdidos, ponerse en contacto con el pasado personalizado y las vivencias más tangibles compartidas con el grupo de personas. Reviven travesurar infantiles, amores prohibidos, enfrentamientos donde el honor se pone en juego. Durante todo el tiempo en que el reencuentro se extiende viven en una burbuja del tiempo que los dispara a otra dimensión donde el tiempo se detuvo, y el presente es ese momento en que compartieron el espacio real. Estos usuarios serían más al estilo de los “inmigrantes”, que nacieron sin la tecnología y la usan como herramienta, pero no la viven como una realidad per sé.

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